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El Señor Juez

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  EL SEÑOR JUEZ Por Felipe G. Huamán Gutiérrez Prólogo En las comunidades altas de nuestra sierra, donde la vida se teje entre nevadas, faenas y silencios rotos por el canto del gallo, aún hay hombres que encarnan la autoridad moral con nobleza y sencillez. No visten toga ni empuñan martillo, pero sus palabras pesan como sentencia. Esta es la historia de uno de ellos. Un maestro de escuela que, sin proponérselo, también fue juez y guía. Su historia no solo habla de justicia, sino del poder de la palabra sensata, del perdón que cura, y del cambio posible cuando hay amor… y coraje.   Donde la Justicia no tiene Toga Pedro era un joven profesor que, desde hacía cuatro años, trabajaba en Curay, una comunidad campesina de la sierra de Oyòn, distante y aislada de la capital. Su entrega era inquebrantable. Todos los días se levantaba antes del alba, cuando el dios sol -Tayta Inti- apenas asomaba sus primeros rayos desde los recodos de las cumbres, tibios y dorados sobre el...

El Lavado de Ropas

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  Antología de Sabidurías Populares y Creencias Ancestrales Historias que se transmiten con la voz, el corazón y la memoria El Lavado de ropas Dedicatoria A la memoria de mi padre, cuya partida dejó un silencio que aún guarda su voz en mi corazón. A mi madre, que, en medio de su dolor, me enseñó que las tradiciones son puentes de amor entre el mundo de los vivos y el descanso de los que se han ido. Introducción La muerte de un ser querido nos enfrenta a silencios que no sabíamos que existían. En esos momentos, cuando las palabras no alcanzan, las antiguas costumbres nos envuelven como un manto de consuelo. Esta historia, nacida de la despedida de mi padre y del doloroso aprendizaje que me dio mi madre, recoge una tradición que, más que un simple acto, es un gesto de amor profundo: el "lavado" de las ropas del difunto. A través de este ritual sencillo y solemne, nuestras almas buscan aliviar el tránsito de quien parte y, al mismo tiempo, empezar a sanar la heri...

El Cortapelos

  Antología de Sabidurías Populares y Creencias Ancestrales Historias que se transmiten con la voz, el corazón y la memoria El Cortapelos Por Felipe G Huamán Gutiérrez Dedicatoria A los padres de antes, que sembraban tradiciones en el corazón de sus hijos, y a los pueblos que, con humildad y alegría, celebraban la vida desde sus primeras raíces. A ti, Justino, y a todos aquellos niños que alguna vez recibieron en sus cabellos el primer soplo de bendición. Introducción En los rincones más humildes de nuestra tierra, las tradiciones no eran sólo costumbres: eran actos de amor, de esperanza, de pertenencia. El cortapelo, sencillo en apariencia, era un ritual que unía generaciones, bendecía a los niños y celebraba la vida en comunidad. Hoy, mientras el viento borra lentamente esas antiguas costumbres, siento el deber de recordar aquella tarde luminosa en que mi pequeño hermano Justino fue el protagonista de una fiesta ancestral, tejida de fe, música y ternura. Esta es ...

María Angola: Espejo de la Infancia

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María Angola : Espejo de la Infancia   Por Felipe G. Huamán Gutiérrez Corría la década del cincuenta, sesenta, y en mi querido pueblo, aún sin agua potable, la vida se tejía con hilos de escasez y dignidad. El agua -ese bien invisible y vital- llegaba en cilindros sobre camiones polvorientos, desde la curva de Alminares . Las familias acomodadas compraban lo justo para llenar sus depósitos; las demás, las madres campesinas de manos curtidas y rostros nobles, contaban el agua como se cuenta el pan: en gotas. Los sábados se convertían en un ritual ancestral: el día de lavar en el canal de María Angola. Apenas despuntaba el alba, cuando el rocío aún acariciaba los contornos de las hojas, las mujeres ya se preparaban. Ataban la ropa sucia en grandes fardos, cargaban sus tinas de aluminio y emprendían el trayecto. Cruzaban en diagonal los campos de algodón o maíz -según la estación- mientras el aroma fresco de la tierra recién mojada se entrelazaba con el aire tibio de la mañana. Ib...
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  CHIRIMACO Felipe G. Huaman Gutierrez Retrocediendo en el tiempo recuerdo, que correteaba por las calles de tierra del distrito de Imperial jugando con mis amigos. Asimismo, todos los días, observaba unos camiones que con cilindros traian agua del pozo que se encontraba en la carretera a Carmen Alto; luego en el pueblo, unos jóvenes con gancho en el hombro y dos latas a los extremos, llevaban el agua a los vecinos. Recuerdo que, cada vecina barría su “frontera” de la calle y luego los regaba, esparciendo delicadamente con las manos el agua en la calle de tierra, sin hacer charco, ni lodo. Eso eran asunto de los mayores; yo seguía correteando por las calles de Imperial, jugando “pelotas”, a las “escondidas”, la “matachina”, “las   chapadas” o me iba bañar al “Pocito”, “tamarria” o “Casita Blanca” en el canal Marìa Angola, otras veces nos íbamos a “rastrojear” papas o naranjas. El motivo del presente escrito, es para recordar, mis momentos de “libertad”, cuando jugaba...
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  “EL CAMPANA” Felipe G. Huaman Gutierrez. Cierta vez, al pasar por la Av Cementerio de Imperial, veo bajar de una mototaxi, a un moreno alto, con su bastòn y cojeando se dirije hacia la puerta del Estadio Oscar Ramos; toca la puerta y llama al guardian. No nos habìamos visto màs de cuarenta años. Yo tratando de hacerle una broma, le digo, -           - El portero se fue su casa - El moreno voltea y me dice, -n   -no, él esta adentro- y sigue tocando la puerta del estadio. Sorprendido me dì cuenta que no me habìa reconocido. Han pasado tantos años de nuestra juventud, y su cansada memoria le era dificil evocar los años idos. Me acerqué nuevamente y le dije -Negro ¿ya no me conoces?- el moreno volteo, acomodó su batòn, tomo asiento en la vereda, achino los ojos y me dijo, -Haber, a ver - me miro, pensó -haaaa…ya ¡tu eres Ferlipio! - Hasta que al fin me reconociò. Contentos nos dimos un apretòn de manos, activando nuestra memoria q...
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  EL BANDERILLERO Felipe HG Gran parte de mi vida los pasé en las chacras y terrenos de cultivo de Cañete, en especial de Imperial; siempre acompañaba a mi madre, ella era campesina. Siempre veía las actividades agrícolas que realizaban los campesinos, que fue para mi una gran lección, que nunca olvido. Algunas veces, desde lejos observaba, como los aviones iban y venían sobre los algodonales esparciendo un líquido blanco, lo notaba que era así, porque caía sobre nuestras ropas y dejaban puntos blanquecinos. Una mañana falló un “banderas”; me pasaron la voz para ir. Nunca había hecho ese trabajo, no sabía que iba hacer. Muy amables algunos jóvenes me enseñaron, yo hábil, rápido aprendí la lección. En mi primer día de trabajo, madrugué; en un costalito llevaba un polvo blanco que me había dado el jefe, al parecer tiza molida, y con eso me fui por la parte alta de la chacra marcando cada cierto tramo de cantidad de rayas de algodón. Apúrese me dijeron que ya viene el avión. U...